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Economía alternativa solidaria

Economía centrada en el ser humano

La economía solidaria es una forma de producción, consumo, y distribución de riqueza (o sea, un tipo de economía), centrada en la valorización del ser humano y no en la priorización del capital.

Promueve la asociatividad, la cooperación y la autogestión, y está orientada a la producción, al consumo, y a la comercialización de bienes y servicios, de un modo principalmente autogestionado, teniendo como finalidad el desarrollo ampliado de la vida.

Preconiza el entendimiento del trabajo y en el trabajo, como un medio de liberación humana, en el marco de un proceso de democratización económica, creando una alternativa viable a la dimensión generalmente alienante y asalariada del desarrollo del trabajo capitalista.

Además de eso, la economía solidaria posee una orientación multidimensional y multifacética, o sea, involucra tanto la dimensión social, como la económica, la política, la ecológica, y la cultural. Y esto es así porque, dejando de lado la visión economicista de la generación del trabajo y de la renta, ciertamente las experiencias de economía solidaria se proyectan con mucha generalidad en el espacio público en el cual están inmersas, teniendo como principal preocupación la construcción de un ambiente socialmente justo y sustentable; también conviene resaltar que la economía solidaria no debe confundirse con el llamado «Tercer Sector» o «Economía Social», que intenta sustituir al Estado en algunas de sus obligaciones legales, inhibiendo de hecho la emancipación de los trabajadores en cuanto sujetos protagonistas de derechos.

La economía solidaria así reafirma el surgimiento de los actores sociales, o sea, la emancipación y más libre actuación de los trabajadores en tanto activos sujetos históricos.

Poder y dinero, ¿pueden hacernos felices?

Nuestro deseo constante de más es parte de nuestra naturaleza humana. ¿Cuál debería ser el límite?

Unos dicen que es un legado útil de la evolución; otros, que es un error en el programa genético. El viejo pecado capital de la codicia parece más actual que nunca. ¿Por qué algunos seres humanos no tienen nunca suficiente? ¿A dónde conduce tal desmesura? ¿Se puede romper el círculo vicioso de la satisfacción de las necesidades?

«A las personas les gusta poseer cosas, pues les da la sensación de vivir eternamente». Son palabras del psicólogo social estadounidense Sheldon Solomon, para quien el fetichismo de la mercancía y la fiebre consumista actuales son nefastos. En la era del ego, quien no consigue satisfacer sus deseos materiales, recibe el sello de «perdedor».

Pero, con una población mundial de más de 7000 millones de personas, las consecuencias del consumo de recursos desmedido son manifiestas. ¿El estado deplorable de nuestro planeta no demuestra que el «programa de la codicia», que nos ha hecho adictos a la propiedad, al estatus y al poder, toca a su fin? O, ¿es la sed de poseer un ingrediente inseparable de la naturaleza humana? Indagamos en la esencia de la codicia.

Y les contamos las historias de personas, que, de forma activa, como víctimas o consumidores desenfrenados, son partes integrantes de un paulatino cambio de valores.

Vivir FUERA DEL SISTEMA

¿Se puede vivir fuera del sistema? | Sinfiltros.com

¿Es posible vivir fuera del sistema? Fraguas demuestra que sí. Varios jóvenes procedentes de distintos puntos de España emprendieron en 2013 un proyecto de okupación rural mediante la reconstrucción de las ruinas de un antiguo pueblo abandonado en la Sierra Norte de Guadalajara.

Pero no todo es idílico, su proyecto les está costando muy caro. Se enfrentan a multas de más de 26.000€ y a cuatro años de prisión para cada uno de los seis jóvenes imputados. Se les acusa de usurpación de monte público, daños medioambientales y delitos contra la ordenación del territorio.

Poder, dinero, felicidad | Codicia